Veni, vidi, vici

Juan III Sobieski, Rey de Polonia en el siglo 17, es recordado como el hombre que en 1683 salvó Europa central de los ejércitos invasores turcos. Con los turcos rodeando las murallas de Viena, Sobieski dirigió una carga que rompió el cerco. Su rescate de Viena es considerado como una de las batallas decisivas en la historia europea. Al anunciar su gran victoria, el rey parafraseó las famosas palabras de Cesar diciendo “Vine; Vi; Dios venció”.

¡Que fácil es olvidarse de que Dios es quien en verdad está en control de nuestra vida y de todas las situaciones!  Hay un historia graciosa que ilustra muy bien esto, y dice así:

Un hombre estaba caminando por las vías del tren, cuando su pie se encajo entre los raíles de metal. Aunque tiraba fuerte, no conseguía sacar el pie. De repente se escuchó a lo lejos el pitido de un tren, y el hombre entro en pánico. Por mucho que tiraba hacia arriba el pie no salía. Entonces empezó a orar “¡Dios mío, si me ayudas ahora prometo que no beberé más, ni saldré con mujeres!”, pero el pie no se soltaba y el tren continuaba a pitar. “¡Dios mío, ayúdame y te prometo que voy a ir a la iglesia todos los domingos!”, y el tren continuaba acercándose. “¡Dios, ayúdame y prometo que….” y en ese momento el pie se soltó. Entonces el hombre dijo “No te preocupes más Dios, ¡ya he resuelto el problema!”.

Todos oramos de una forma más ferviente cuando necesitamos ayuda. No podemos negar eso. No hay nada malo en ello. Pero cuando la situación se resuelve, no olvidemos de dar la gloria a Dios por ello.

Vine; Vi; ¡pero Dios es el que venció!


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