Escombros
Las estatuas me rodean como una sólida pared. Son mármol blanco
pulido. ¡Qué contraste hacen con el mundo!
Erigir las estatuas correctas es un trabajo extenuante. Se deben
descartar muchas, muchas cosas que no son aceptables. Durante
todo el día se debe tener mucho cuidado de no elegir ninguna de
las cosas que están prohibidas. Se debe mantener la mirada puesta
en ellas todo el tiempo. Es agotador.
Solía haber sólo una estatua, pero entonces tuve que hacer otra… y
otra. Algunos creyentes en Jesús no ven la necesidad de tener
estatuas como las mías. No están rodeados, protegidos.
¡Cuán ciegos están! Hablan de la libertad y de la necesidad
de tener cuidado en lo que se condena.
Pecadores permisivos. Eso es lo que deben ser. Heme aquí, sudando
cincelando para llegar a la santidad. Mientras que ellos caminan por
todos lados, hablando de la gracia e incluso haciendo algunas de las
cosas que yo sé que están mal. Tengo que mantener la mirada
puesta en ellos también. Ellos quieren echar abajo mis estatuas. Lo
sé. Quieren convertirlas en escombros.
Jesús, seré honesto contigo. Hay algo que me molesta. Cuanto más
construyo estas estatuas para ti, menos puedo verte.
¡Nuestra relación parece tan fría! ¡Siento tanto temor, tanta cólera!
¡Pareces tan distante!
Las estatuas me rodean como una sólida pared. Son mármol blanco
pulido… por fuera. Pero por dentro están huecas. Vacías. Mudas.
¿Por qué hago estas imágenes? ¿Por qué me siento obligado a
esculpir mi propia justicia? ¿Qué es este sentimiento de vacuidad
que hay dentro de mí? –TF






Wow, cuanto hay para decir aquí!
¿Es necesario cincelar y esforzarse en construir estatuas cuando amas a Dios?
¿Puede un ser humano protegerse o modificarse a si mismo para ser santo?
Yo solía creer que sí.
Primero creí que la santidad, agradar a Dios y hacer su voluntad se conseguía estando alerta, siendo fuerte, resistiendo la tentación, identificando al enemigo en todas partes, e incluso siendo “bueno”.
Luego desistí de esa idea y pensé que era imposible alcanzar la santidad, era un trabajo demasiado duro y una batalla perdida para cualquier ser humano.
Pero en este último tiempo Dios me enseñó que no solo es posible, sino que no es necesario hacer un gran esfuerzo.
Solo se necesita verdadero amor y estar dispuestos a seguir el camino que Dios nos marca.
Quienes confiamos en Dios no necesitamos esforzarnos, no necesitamos cincelar; no necesitamos juzgar, criticar, o desconfiar de los demás porque nadie podrá arrebatarnos el amor por nuestro Dios.
Y por ese mismo amor es que somos agradables ante Él, porque no nos sentimos siquiera tentados a hacer lo malo ante nuestro Dios.
Los seres humanos (incluso muchos cristianos) solemos rodearnos de muchas estatuas y adorarlas en lugar de adorar a nuestro Dios.
Dinero, familia, amigos, trabajo, inteligencia y sabiduría humana, valores humanos, y hasta nuestra propia humanidad puede ser la estatua detrás de la cual nos refugiamos.
Gracias a Dios algunos fuimos o estamos siendo rescatados de en medio de todas nuestras estatuas, solo para ayudar a quienes pasan por lo mismo que nosotros pasamos!